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miércoles, 12 de noviembre de 2014

Hombre azul . . .

Como tallerista uno no puede darse el lujo de sentarse y ser quien manda, debemos leer más e incluso escribir más que los propios asistentes, uno siempre debe jugar e invitar a los otros a que jueguen con la literatura. De uno de estos juegos, surgió lo siguiente:




Sin duda este hombre de animal azul solía pagar por sentir celos, realmente solía pagar por sentir algo; su mujer siempre dormida antes de, lo que podría ser una entretenida noche, y más que despertarle unas ansias locas por destrozarle la costosa lencería, despertaba en él un escalofrío que le molía hasta la médula. Una mujer difícil entre no pocas, sino como todas las mujeres neuróticas después de muchos años casadas y con las ilusiones apagadas.
Este hombre azul, gustaba de escribir con la tinta de mismo nombre, era bueno como pocos con la palabra, a veces sentía pena por él, ninguna de sus historias tenía fin, pienso que le faltaba vivir más y sufrir menos. ¿Cómo sé que sufría?  A mí me ha tocado como nunca tocará a su esposa, cada vez que me abre de par en par, me acaricia como nunca, se enloquece conmigo como una bestia al hablar. Yo me encargaré de que jamás termine de contar su historia, soy y seré el papel en el que jamás deje de escribir.

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