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jueves, 24 de enero de 2013

Reseña: "Una muerte muy dulce". Simone de Beauvoir.


Una muerte muy dulce 
Reseña por Zully Zambrano.


Siempre que tengo un encuentro literario con Simone de Beauvoir siento como si hubiésemos tomado un café, en algún establecimiento solitario. Sólo ella y yo. Cada página que se aloja en mis manos, en mis ojos, me hereda una sensación de vitalidad, una especie de piedra cuyo poder alberga un compromiso, mismo que te va devorando.

            No quiero referirme con ello a una mala lectura sobre la filósofa francesa, por el contrario; deseo acercarme quedamente a lo que provoca constantemente su pluma en mí.

Simone de Beauvoir no era una mujer común, tampoco una escritora común, su singularidad abraza las mentes de quienes comparten con ella un vínculo, sea literario o personal. En mi caso, al leer “La mujer rota” no evite sentir empatía, una especie de posesión en la que uno sede voluntariamente su cuerpo, su voz y sus ojos al personaje para darle vida. Eso mismo provoca Beauvoir en mí cada que cruzamos pensamiento. Ella tiene esa facultad de tomar mi ser sin intermediarios y me traslada exactamente al punto en el que desea colocarme, hace de mí su cómplice.

En esta ocasión me tocó revivir, o vivir como debió ser (le pido al lector paciencia para explicar más adelante esto) la despedida. Una muerte muy dulce es una novela en la que Beauvoir nos detalla el deceso de su progenitora, las vicisitudes en las que ambas hijas sortean durante esta agónica experiencia, el hecho de morir no de naturaleza, sino de accidente, una interrupción violenta pero aceptada, aunque indebida.

No miento cuando expreso el miedo ante la responsabilidad que adopto al interpretar erróneamente a tan admirada pensadora, en ciertas ocasiones se logra una empatía al grado de evocar su realidad en mi ficción. No es solo cuestión de leer y entender, implica sentir, recordar que estamos vivos, tocarnos el alama y despertar; la narración nos va guiando con una cadencia intimista, logra hacer del lector un espectador, atrevidamente, un doliente más.

Cualquiera que haya pasado por una experiencia similar no se sentirá ajeno  a la temática, ergo, sumirá sus experiencias añejas a un nuevo sabor, uno dulce, entre la culpa y satisfacción de siempre haber hecho lo que estuviera en las manos del presente (suficiente o no) increpa en el ser, lo expía de la experiencia y otorga otra oportunidad. Viví una experiencia similar, pero esta que me otorga Simone de Beauvoir no vino a eclipsarla, sino a reforzar la conciencia humana, a despertar del letárgico hastío de la cotidianeidad.

Si el lector tiene oportunidad de leer esta joya no pierda oportunidad de hacerlo, llore sí es necesario, ría también. El momento en que esta lectura toque su alma será justo cuando usted lo necesite. Finalmente, los dejo con algunas líneas finales del texto: “No hay muerte natural: nada de lo que sucede al hombre es natural puesto que su sola presencia pone en cuestión al mundo. La muerte es un accidente, y aun si los hombres la conocen y la aceptan, es una violencia indebida”.

4 comentarios:

  1. Tu compa la Beauvoir (:

    Qué bonito se ve tu blog así. Me gusta más que antes.
    Un saludo, Zully.
    Nos vemos el 3 para las fotos (:

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  2. Mi querida Beauvoir!!

    Gracias Arge, tienes razón, hasta se ve más limpio y ordenadito!! Era necesario hacerle unos cambios.

    Así es, nos vemos el tres!!

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  3. Hey, yo regalé ese libro a alguien muy especial (por si los tenía con el pendiente). Bueno el caso es que sentí bonito leer tu reseña : )
    Un abrazo cafetoso.

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