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miércoles, 28 de noviembre de 2012

Las bicicletas son para verano.




Por: Zully Zambrano.

Fernando Fernán Gómez nos plantea el último y el primer verano de una vida que ya no volverá a ser la misma; el inicio de la guerra y el final de una España que jamás podrá reponerse a lo que viene.
En este escenario, vemos a una familia, un hijo, Luis, quién les pide a sus padres una bicicleta para ir de verano con sus amigos, para impresionar a una chica, para divertirse, para el verano. Con la promesa de acreditar una materia, la vida de esta familia comienza un viaje que no retornara al verano de aquella época; durante ese viaje de estaciones, desfilan personajes de: pobreza, hambre, sexo, guerra, desempleo, muerte, guerra, muerte, guerra y muerte, la esperanza, que en un principio brillaba cual estrella de Belén, parece al final, una vela a punto de extinguirse.

La vida transita, tratando de aferrarse a un “si la guerra no hubiera llegado”, “aquí no va a llegar la guerra, lo dice la radio”, “aquí no hay guerra son puros inventos”, en donde sus habitantes desconcertados siguen a bien o mal su vida. Esta obra, cuenta con diálogos vivos e incluso divertidos, unos arraigados en la tradición, otros muestran un despertar a la realidad y desapego a lo que se denominaba “patriótico”, que va más allá de un conformismo y quedarse con lo que la radio les decía.

Fernán Gómez nos muestra una realidad que espera el verano, el ocaso de la infancia y el amanecer de la edad adulta, donde todo queda atrás, y solo queda esperar que vuelva el verano, si es que alguna vez vuelve.

Ampliamante recomendable sencilla y encantadora.

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