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jueves, 5 de enero de 2012

Un año. . .

Un año


Vuelvo a contarme aquí mi vida
otra tarde de otoño
viejo de treinta y tres vueltas al sol.
Vuelvo a replegarme en esta silla
palpando su inocencia de madera
ahora que el año hace su estruendo
y me sacude fuerte, de raíz.

En la terraza inicio otro descenso
al infierno, al invierno.
Sangran en mí las hojas de los árboles

Ser esclavo

Ser el esclavo que perdió su cuerpo
para que lo habiten las palabras.
Llevar por huesos flautas inocentes
que alguien toca de lejos
o tal vez nadie. (Sólo es real el soplo
y la ansiedad por descifrarlo.)

Ser el esclavo cuando todos duermen
y lo hostiga el claror incisivo
de su hermana, la lámpara.

Siempre en terror de estar en vela
frente a los astros
sin que pueda mentir cuando despierten
aunque diluvie el mundo
y la noche ensombrezca la página.

Ser el esclavo, el paria, el alquimista
de malditos metales
y trasmutar su tedio en ágatas,
en oro el barro humano,
para que no lo arrojen a los perros
al entregar el parte.

Regreso

Un instante la silla ha regresado
a su lejano árbol
con sus verdes tatuajes ya secos.

Sus pájaros están dispersos, muertos,
y la manada del rugoso cuero
yace plegada bajo las tachuelas.

Ya no hay más que silencio nivelado
bajo la sombra de un follaje extinto
donde se curte todo su misterio.

Fiel a sus tablas, sólo da reposo,
cuando en tardes la hemos recostado
a la pared, ahogando una memoria
de días que crecieron como un árbol
y la vida tronchó por cosa muerta,
claveteada con viejos pensamiento

GUARDA SILENCIO ANTE EL POEMA


Guarda silencio ante el poema,
circula entre sus versos, no interrumpas el paso.

Es casi una oración atea, pero es una oración.

Desde que nace los hombres se congregan
y repiten en sueño sus palabras.

Es como si quedara algo sagrado
sobre la tierra todavía,
el misterio los junta a cada instante.

Tal vez rechaces tanta ceremonia
o te colme el ritual que los convoca,
da lo mismo. No hables.

Descifra despacio cada letra
como quien oye un gallo a medianoche
y siente que su canto, en vez de gritos,
es el pregón de un obituario.

Indaga si tu nombre acaso se menciona,
si para ti también ya cantó el gallo.







Eugenio Montejo

1 comentario:

  1. Hola Zully. Cambié de rumbo: http://unletrapata.blogspot.com

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