Seguidores

viernes, 30 de septiembre de 2011

Panfleto.



Cierto hombre caminaba por el callejón que lo conducía en menor tiempo a su casa, más la naturaleza voluntariosa apareció ipso facto envolviendo al hombre y el camino con aire, tierra y ausencia de luz. Como portazo en la cara, dicha fuerza más grande que él, le arrojó al rostro un panfleto que se debatía entre los cuestionamientos más simples y complejos del ser. El hombre leyó:


¿Dónde está la ética y moral?


Espantado por la aparición del primer acto que sostenían sus yemas inquietas, la voluntad se volvió contra ellas arrojando el panfleto con temor. Temió por su vida, más no había por que temer. El libro rodaba como moneda por el pavimento, aterrizando en el primer acto. Impulsado por el deseo de sus ojos miró contra su voluntad:


PRIMER ACTO.

Escena Uno.

(Se abre el telón y aparece una mujer caminando por el escenario)

Mujer.- ¿Y quién carajos crees que eres tú?, ¿con qué calidad moral vienes a decirme que no te sea infiel, maldito mujeriego?, yo hago lo que me place, cuando me place, ¡te odio maldito!

(Sale de escena.)



Escena Dos.

(Entra un hombre vestido de traje, con el traje y la corbata arrugada, nervioso se pasea por el escenario.)



Hombre.- Já, (ríe) ¿Y son ustedes los que me juzgan?, el honorable congreso de a compañía, los que decretan la ley y la modifican a diestra y siniestra, adecuándola para “el mejor y más razonable funcionamiento de todo el personal”. Son ustedes apreciable jurado, quienes me juzgan. A mí, a un simple empleado, un empleaducho como me restregó siempre licenciado Ruiz, un empleado mudo que tan solo obedeció sus ordenes de falsificar nombres y desviar cheques con cantidades estratosfericas a cuentas fantasmas que sólo el honorable congreso aquí presente tiene acceso, con la amenaza de matarme sino lo hacía. Y ¿todavía me juzgan a mí?, ¿con qué ética, con qué moral? ¡Bola de cerdos avariciosos!, si les robe es para…, no, no, no, NO, a ustedes nadie les roba ¿cierto?, cometí el ultraje, la osadía de robarle a la famosa empresa, claro, me atreví a robar la minúscula cantidad de 10 mil pesos, ¡qué osado!, ¡qué atrevido!, ¡qué estúpido!, robándome esa jalada, que no se compara con las dimensiones de sus cuentas, ¡pero que imbécil!, tremendo animal, ¿cómo pretendí curar a mi mujer de cáncer con eso?, pero yo soy el juzgado ¿cierto?, se vuelve la ley contra mí, contra el imbécil, la mano de obra en este crimen, ¡qué maldito animal que soy!, viudo, desempleado y ahora un peligroso defraudador, un ladrón, sin ética ni valores. ¡Qué mierda de hombre que soy!

(Cierra los ojos y baja la cabeza, sale del escenario en actitud de derrota y esposado. Sale del escenario.)

Escena Tres.

(Entra una mujer sollozando que finge ser golpeada y maltratada, cae al piso Tres voces que no aparecen en el escenario, comienzan a gritar)

Voz 1.- ¡Puta!
Voz 2.- ¡Maldita enferma!
Voz 1.- ¡Asesina!, ¡Maldita asesina!
Voz 2.- Ojalá sufras todo lo que él.
Voz 3.- Ofrecida, es tú culpa, todo tú culpa.
Voz 1, 2, 3.- ¡Culpable!


(La mujer alza la mirada y habla)

Mujer.- Yo no quería matar a mi hijo, yo no quería, él me violó, ¿cómo iba a provocar a mi padrastro?, ¿cómo iba saber que estaba enfermo y que me contagiaría a mí?, ¿cómo iba a saber que estaba embarazada, cómo?, yo no sabía que eso me iba a matar, yo no sabía, yo solo me quería morir, yo no sabía, yo no sé. . . .



El viento retornó feroz al callejón, hojeando el manuscrito, impidiéndole al hombre continuar con la lectura, logró apreciar que eran varios actos, el libro comenzó a desprender hojas y hojas hasta tapizar todo el callejón. El hombre espantado cerró los ojos un momento, sintiendo aún el viento y el rozar de las páginas en su rostro, se armó de valor, dispuesto a cerrar el libro, abrió los ojos velozmente y el escenario que visualizo ya no era el de ese callejón cubierto de acotaciones, diálogos y actos.


Fondo negro, algunos faros iluminando al hombre, miró al techo y pudo comprobar el color rojo del telón, una voz interrumpe la inspección del lugar y dice:

-Muy bien, ahora lee tus líneas, fuerte y claro.
Entre sus manos sostenía una hoja, cuya inscripción le gritaba al actor en escena: “¿Dónde está la ética y moral?”.

3 comentarios:

  1. Antes de que septiembre se marche . . .

    ResponderEliminar
  2. :) :) La escena uno me recordó a Ibsen :)

    ResponderEliminar
  3. Ibsen es un señoron!! Me encanta casa de muñecas!!

    A tí cuál?

    ResponderEliminar