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jueves, 1 de septiembre de 2011

El seminatista de los ojos negros

EL SEMINARISTA DE LOS OJOS NEGROS.



Miguel Ramos Carreón

















Desde la ventana de un casucho viejo
abierta en verano, cerrada en invierno
por vidrios verdosos y plomos espesos,
una salmantina de rubio cabello
y ojos que parecen pedazos de cielo,
mientas la costura mezcla con el rezo,
ve todas las tardes pasar en silencio
los seminaristas que van de paseo.

Baja la cabeza, sin erguir el cuerpo,
marchan en dos filas pausados y austeros,
sin más nota alegre sobre el traje negro
que la beca roja que ciñe su cuello,
y que por la espalda casi roza el suelo.

Un seminarista, entre todos ellos,
marcha siempre erguido, con aire resuelto.
La negra sotana dibuja su cuerpo
gallardo y airoso, flexible y esbelto.
Él, solo a hurtadillas y con el recelo
de que sus miradas observen los clérigos,
desde que en la calle vislumbra a lo lejos
a la salmantina de rubio cabello
la mira muy fijo, con mirar intenso.
Y siempre que pasa le deja el recuerdo
de aquella mirada de sus ojos negros.
Monótono y tardo va pasando el tiempo
y muere el estío y el otoño luego,
y vienen las tardes plomizas de invierno.

Desde la ventana del casucho viejo
siempre sola y triste; rezando y cosiendo
una salmantina de rubio cabello
ve todas las tardes pasar en silencio
los seminaristas que van de paseo.

Pero no ve a todos: ve solo a uno de ellos,
su seminarista de los ojos negros;
cada vez que pasa gallardo y esbelto,
observa la niña que pide aquel cuerpo
marciales arreos.

Cuando en ella fija sus ojos abiertos
con vivas y audaces miradas de fuego,
parece decirla: —¡Te quiero!, ¡te quiero!,
¡Yo no he de ser cura, yo no puedo serlo!
¡Si yo no soy tuyo, me muero, me muero!
A la niña entonces se le oprime el pecho,
la labor suspende y olvida los rezos,
y ya vive sólo en su pensamiento
el seminarista de los ojos negros.

En una lluviosa mañana de inverno
la niña que alegre saltaba del lecho,
oyó tristes cánticos y fúnebres rezos;
por la angosta calle pasaba un entierro.

Un seminarista sin duda era el muerto;
pues, cuatro, llevaban en hombros el féretro,
con la beca roja por cima cubierto,
y sobre la beca, el bonete negro.
Con sus voces roncas cantaban los clérigos
los seminaristas iban en silencio
siempre en dos filas hacia el cementerio
como por las tardes al ir de paseo.

La niña angustiada miraba el cortejo
los conoce a todos a fuerza de verlos...
tan sólo, tan sólo faltaba entre ellos...
el seminarista de los ojos negros.

Corriendo los años, pasó mucho tiempo...
y allá en la ventana del casucho viejo,
una pobre anciana de blancos cabellos,
con la tez rugosa y encorvado el cuerpo,
mientras la costura mezcla con el rezo,
ve todas las tardes pasar en silencio
los seminaristas que van de paseo.

La labor suspende, los mira, y al verlos
sus ojos azules ya tristes y muertos
vierten silenciosas lágrimas de hielo.

Sola, vieja y triste, aún guarda el recuerdo
del seminarista de los ojos negros...


10 comentarios:

  1. Oh, estas líneas están perfectas para un día como hoy. En Puebla solo llueve y el día es plomizo.

    http://estatuariosoleado.blogspot.com/

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  2. Entonces cuentas con un escenario digno del romanticismo. Que bonito Puebla, su comida, su tierra. Bonito, bonito.

    Saludos!!

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  3. Has estado en Puebla? super! Y sí! Salúd por esas Marías,q choquen las cervezas. Por otra parte, prefiero a mi Puebla roja y naranja, soleadota y clara. Y claro, no dudo que en Colombia (si eres de Colombia?) también hayan más Marías que le hagan mucho honor a su nombre.
    ;) saludos :D

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  4. Ah, pero cómo no. Salud por las Marías. Y por las Zullys, y por el Sur.

    Yo nomás ando de metiche.
    Una María metiche.

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  5. Mira, qué suave.
    Yo también quiero brindar.

    Salud, chingao.

    Sobre todo porque ya entramos en los que para mí, son los cuatro meses más bonitos del año.

    Arge.

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  6. Yo nace en tierras norteñas. La tierra seca y arenosa. Que bueno que solo le herede la templanza y la fuerza.

    No, no he estado en Colombia y debe ser hermosa, muy bella. Algún día, algún día podre confirmartelo a ciencia cierta.

    Y salud por mi María favorita, la sureña. Y por Zully,que como me gusta mi nombre. Y amo mi mes Arge, lo amo con la raiz. Que bello mi septiembre.

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  7. Pues salúd por las Marías, las Zully y por las Argelias! salud chingao! q choquen los tarros, cheers! á ses santé

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  8. Aquí ya se armó la borrachera :)

    Qué chido.
    Yo también quiero una borrachera en mi blog.

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  9. ¡Válgame!

    Pues sí.
    La próxima borrachera es con María.

    Qué bien (:

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  10. Salud por todo y todas!!

    Ja ja ja y quién diría que la borrachera se armó con un poema romántico.

    Ja ja ja Salud pues!!

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