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viernes, 8 de abril de 2011

El Monje y el Rayo








En el horizonte se revelan cosas; no es que sea más clara la luz a esa hora, pero el último rayo no se queda contento, sabe que al extinguirse, sólo le quedará fundirse con sus palabras. Y en el horizonte, el monje que medita, asume, acepta su vida espiritual, volviéndose ermitaño, conviviendo con el cosmos, con lo animado. Cuando la hora del horizonte toca la plaza del templo principal; un monje se encuentra meditando, impregnándose del cosmos, sintiendo la natura. Él no se percata qué ese último hilo dorado, con imagen de fémina, ha estado mirándolo toda la mañana, mientras alimentaba a las aves, mientas dormía, mientras caminaba. Más, antes de partir, el rayo decide robarle un beso al monje, este se desconcierta, abre sus ojos y mira despedirse al último rayo de luz, se enamora al instante, rompe su postura y corre para alcanzarlo. El rayo comprendiendo qué su amado corre para alcanzarla, y se resiste a la extinción, pero el astro rey siente celos de su hebra dorada y la toma entre si, hundiéndola en la noche. El monje embriagado de nostalgia, abandona el templo en busca del rayo dorado. De ermitaño a peregrino; deambula por el mundo, anhelando el horizonte, esperando el fin la mañana. Pero el astro magnánimo, viendo la devoción del monje, impregna los días con sus celos, secando los sembradíos, volviendo áridas las huellas del peregrino. Se encargó de volver inhabitable cada lugar que el enamorado de las hebras pisaba, en busca de su rayo dorado. Tan deshumanizada vida entre mortales vivió el monje, que decidió volver al templo, resignado y triste. El monje que había sido su maestro, lo recibió con las vestiduras rasgas por los vicios y pruebas del mundo. Confortado por el recibimiento, tardo 10 años en retomar su vida espiritual. Un día, cuando la hora del horizonte tocó la plaza del templo principal; el monje que meditaba, sintió nuevamente el rayo, al abrir los ojos pudo divisarlo frente a él, sentada en la misma posición de su amado. Ambos se abrazaron y se fundieron en un beso, evaporándose en el aire, juntos, recorrieron el templo y el horizonte infinito, unidos en el cosmos.

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