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viernes, 25 de febrero de 2011

¿Qué paraíso es ese donde habitas tú?

Necesitaba sentirlo, pensar en otro dolor, algo distinto. Y sí, si me arrepentí, de habérmelo bebido a pecho, sin intermediarios, hasta el fondo. Por poco me ahogué, tragarse al mundo entero en una noche, no tiene beneficios por la mañana, me indigeste de ti. La bebida es y fue un camino poco transitado para mis heridas.Pero no importaba mucho la ruta para ese paraíso.

Jodí, porque no quedaba para el deseo más que la necesidad de abandonar al cuerpo en tu mano amiga, no ha llegado el remordimiento, ni tampoco arrepentimiento, pero la noticia te revienta las manos, como a mí la cabeza por tu sabor. Sabor a ti, a tus ojos y al olvido, a tus manos y a la duda, tu boca, tu jugo en mis labios, agonía y el éxtasis, que ya no son más que material de recuerdo, acumulable, tan caduco que sólo limpia la necesidad de la mente, al momento, al recuerdo, al olvido.

No encontré el paraíso, las estrellas nunca fueron rosas, ni fueron mapa. El cielo, siempre es oscuro a esas horas, solo así, oscuro, más no sentí. Bebí a pecho para recordarme quién soy, para que no se me olvidara mi nombre –el tuyo nunca lo pregunte- para saber, que si voy a un lugar, si me pierdo o retorno sabré donde morir, y no seguir en busca del paraíso donde habitas.

1 comentario:

  1. hola zullyale,
    me gusta, aunque sea amargo.
    saludos desde Barcelona.

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