Seguidores

martes, 21 de febrero de 2017

Palabrería 2

¿Cómo dices que se dice? 
Ah si, Manual para volver a las tareas impuestas
#Palabrería2 #febrero2 #mesdeLatteMacchiato #LatteMacchiato #sinazúcar

Hace unas semanas se sintonizaba en el televisor de mi casa, cierto programa en el que jamás había reparado, y es que no suelo prestarle atención a los programas que transmiten por las tardes (a excepción de películas, series, partidos, muy de vez en cuando noticias), aunque no niego que llego a estar enterada de "puro oído"; sin embargo, en esta ocasión la incredulidad me hizo tomar lugar y esperar, esperar pacientemente a que todo fuera una broma ... pero no, al parecer el raiting juega con nuestros sentimientos, o bueno, al menos para mi representó una motivación para esta palabrería...

¿Y ahora de qué estoy hablando? Nada más y nada menos que de un discurso emitido en pleno 2017; quizá para ustedes un "calladita te ves más bonita" represente una frase aleatoria e insignificante que suele decirse, pero lo que viene acompañándole me dejó perpleja. Sucede que hay un programita -mismo que está por salir del aire, gracias a los dioses antiguos y nuevos- conducido por una cubana nacionalizada mexicana, ella tuvo a bien compartirnos su simpatía, belleza, carisma y por si fuera poco, sabiduría no solo por la T.V., también en un primer libro titulado "Manual de la buena esposa", tal cuál lo leen sus ojitos, líneas más abajo encontrarán algunos enlaces tanto del libro, como del episodio que vi. Evidentemente no me quedé con las ganas y me puse a investigar ...

Resulta que dicho manual es una serie de consejos que, entre broma y broma, nos proponen a las mujeres dejar de: hacer, decir, pensar, comer, vestir, hacer, decir -porque las mujeres decimos mucho- usar, gustar, gastar, proyectar, decir, ¿ya dije hacer?, ha y pensar ... En pocas palabras, las féminas deben reorganizar su propia identidad para el agrado del resto, pues es sumamente evidente que siendo "tú misma" NO es suficiente.

Quizá al punto de este cuarto párrafo el lector identificará un tinte feminista y comenzará a usar los "hashtag" de "feminazi", "luchona", "unicasydiferentes", como si perteneciesen al mismo campo semántico. Pero no, por el contrario, mi reflexión va enfocada a lo siguiente: ¿es tan imperiosamente necesario retroceder en el tiempo para aplicar tácticas y estrategias a un modus vivendi que está fuera de circulación? Perdón que lo diga, pero bajo la difícil crisis económica  con la que nuestra nación lucha para sobrevivir no alcanza que "solo el hombre" sea el proveedor del hogar, mientras la esposa se queda en "casa" para atenderla. No, la cosa es peor, ambos trabajan y adivinen qué, jamás se termina de dejar limpio este bello recinto habitable llamado hogar.

Hace tan solo unos días escuchaba en una pastelería: "con eso de la liberación femenina a las mujeres ya no se les puede decir cosas románticas ni bonitas" y lo peor, es que no, no lo decían dos hombres, sino dos señoras: la encargada -es decir, empleada- y la que venía a comprar un pastel para su trabajo -o sea, otra empleada-, por la charla se entendía que ambas son madres, y en su tiempo, fueron/son esposas. Es curioso como este "chip" sigue funcionando y andando; me resulta sumamente complicado lograr una empatía con un discurso en el que se pregona "las mujeres calladitas, así se ven más bonitas, porque si le dicen al esposo que jamás las ha hecho sentir un orgasmo, el esposo se va y pues lo haces sentir menos hombre", claro, qué importa que la mujer finja y no sienta, si aquí no es una sociedad, sino un organigrama donde la cabeza de la casa, no es quien la limpia. Como tampoco puedo compartir un discurso que excluye a los hombres o los minimiza, pues no siento que la "exclusión" sea la solución.

La cosa no para ahí, la cosa trasciende -como todo- si nos cuestionamos ¿la liberación femenina realmente prohíbe que a las mujeres reciban "palabras románticas"?, para empezar ¿qué es la liberación femenina? Este movimiento inicia en Europa por la década de los '60, tan solo gracias a los muchos sacrificios y sangre derramada con el -digo, solo por mencionar- las mujeres podemos votar, elegir en dónde trabajar, casarnos, además de usar pantalón (cabe mencionar que las tres usábamos jeans, porque lo de empleadas ha quedado claro; además la primera guerra mundial impulsa que las mujeres dejen el hogar para comenzar a trabajar en fábricas donde su vestimenta revoluciona de bellos vestidos a prácticos pantalones), incluso las mujeres podemos estar frente a un programa de televisión, donde un porcentaje considerable es también de mujeres viendo dicho show, que siguen los consejos "entre mujeres y para mujeres" se dan. Entonces, me pregunto ¿realmente se obedece a una "liberación femenina" que no te permite como mujer "escuchar palabras románticas"? Y otra cosa ¿qué son las "palabras románticas"?, ¿se refieren a aquellos "piropos" cuyo contenido meramente sexual me objetiviza cuando camino por la calle? Porque de ser así, bueno, favor de comentar a qué policía de los piropos recurro, favor de decirme cómo compruebo la ofensa, no vaya siendo que con un "mamaciiiiitaaaa" me sienta yo ofendida porque no he gestado niño alguno, claro, el individuo inteligentemente puede apelar y decir: "es que es mujer, eso hacen las mujeres, tener hijos"; y es aquí donde la empatía antes comentada vacila, a pesar de compartir: género, mismos órganos sexuales, menstruación, cólicos ... ¿qué nos hace mujeres? Simone de Beauvoir decía no se nace mujer, se llega a serlo, suponiendo ya nacimos con el sexo ¿un manual que me diga cómo actuar me convierte en ello? En caso de ser afirmativa su respuesta, pregunto ¿para qué recurrir a un "manual" cuyos estándares son meros estereotipos vacíos, no es acaso similar a aquello que pregonan quienes dicen no tiene sentido orar arrodillados a figuras de yeso vacías?, ¿ambos van a evitar las violaciones y feminicidios? Mujeres y hombres son violables -lamentablemente todos estamos expuestos-, aunque nos hemos concentrado en el lado más vulnerable de la "balanza", existe un porcentaje de hombres que reciben violencia y maltrato sexual, solo que a ellos se les adjudica la categoría del "fuerte", por todos es sabido "los hombres no lloran", como si su sexo automáticamente inhibiera sus sentidos, su raciocinio, pero jamás su "virilidad" medida proporcionalmente a otra absurda serie de estándares heredados cuyos frutos limitan el crecimiento de sus relaciones afectivas.
¿Por qué hemos invertido tanto tiempo en enseñar a las mujeres para que no sean violadas, cuando quienes no deberían violar son los hombres? Absolutamente nadie debería sufrir dicha invasión a su identidad e integridad, porque evidentemente la educación se está dirigiendo mal, como seres humanos ¿qué nos da el poder sobre otro?, ¿la propia degradación de mi identidad qué gana cuando perjudico en lo más íntimo al otro?

Y quizá podrá parecer que mi brecha discursiva a dado saltos abismales, me estoy enfocando en temas bastante crudos más su relación intrínseca implica un paulatino cumulo de acciones gestada en una "asimilación de roles" arbitrariamente impuesta, donde al menos, para quienes nos encontramos desde la tribuna observatoria, aunque no lo crea, existen quienes no simpatizamos con el discurso de las que siguen el Manual, identificamos en el atributos que en lugar de progresar abriendo espacios y lugares conscientes de ser ocupados por y para mujeres,  pretende a estas alturas del partido volver a colocarlas "en la cocina o cama", promoviendo una negación de su propia identidad, adoptando un postura que complazca a los demás, pues, se da por hecho que eso hará feliz a todas las mujeres.

¿Son iguales todas las mujeres por el simple hecho de compartir el mismo sexo? Considero que no, pues cada una, como cada persona, hemos crecido en un entorno diferente y nutrido de aspectos que alimentan nuestra personalidad. Al menos eso nos da un rasgo distintivo, así como el derecho a elegir. Por ejemplo, hoy elijo preguntarme si ¿vale mi tiempo, dinero y tranquilidad creerle a otra mujer que me dice "si sigues siendo como eres no te va a ir bien", porque no soy suficiente para lo que la "sociedad" dicta?, ¿y quienes constituyen esa sociedad que dicta, permite y rechaza?, ¿mujeres? Creo que esa pregunta la respondemos sin ninguna duda.

Sin afán de azotar a nadie, considero que si tenemos la elección de "elegir" respetemos, sin transgredir los límites, sin querernos imponer sobre otros, pero siendo receptivos a reconocer los hechos que nos han llevado hasta hoy. Pregunto nuevamente ¿de qué manera puedo compartir que mi elección de no seguir un manual es tan válida cómo la de hacerlo?, ¿cómo logro hacer entender que respeto a quienes desean y aspiran a un núcleo familiar y tradicional, sin embargo se pide el mismo respeto para quienes no?, pero lo que más me consterna: ¿cómo le muestro a otras mujeres que no existe un solo molde, sino varios, muchos, millones cada uno tan valioso por ser único?, la mujer se ha conocido en sus distintas facetas a lo largo de la historia ¿vamos a parar? No, incluso por esa misma naturaleza del ser humano. Mujeres y hombres estamos hechos para andar por el mundo, ambos -a mi parecer- a la par, disfrutando de lo que mutuamente podemos aportarnos como humanidad.

Agradezco que posen sus ojos sobre esta columna, cada pregunta me lleva de una a otra, estoy segura que también surgirán muchas más que sumen y gesten otros diálogos donde podamos encontrarnos. Este mes es de Latte Macchiato, sin azúcar por favor; entonces, ¿cómo dices que se dice? Ah si, manual para volver al pasado donde, evidentemente mejor me quedo calladita, cruzo las piernas, procuraré no beber y esperar modocita a ser rescatada de esta infortunia monotonía social por el príncipe encantado. O no,



https://m.youtube.com/watch?v=ao-x-1Kccx0

http://www.megustaleer.com.mx/libro/manual-de-la-buena-esposa/MX13190

jueves, 9 de febrero de 2017

Palabrería 1

¿Cómo dices que se dice? 
Ah sí, se llama "robo de identidad"
#Palabrería1 #febrero1 #mesdeLatteMacchiato #LatteMacchiato #sinazúcar #Twitter

Para no faltar a mi palabra en la #palabrería0 el tema de este primer número refiere a cierto acontecimiento poco usual que, aunque lejano y carente de peso relevante, me sucedió. La semana pasada un amigo me avisó que me habían hackeado la cuenta en Twitter, amablemente me envía una captura de pantalla donde aparece una supuesta publicación con mi usuario pero, con otro nombre, distinta foto de perfil y, evidentemente, cierto contenido sexual que ni por error me atrevería a publicar.

Dentro de las tareas laborales, el hambre, pero sobretodo la sorpresa: ingresé a mi cuenta para darme cuenta que efectivamente habían suplantado mi identidad twittera. Inmediatamente tomé las capturas de pantalla correspondientes, eliminé la publicación que desembocó todo, volví privada la cuenta para hacer los cambios, también pregunté con algunos amigos si no les habían recibido algún mensaje ofensivo (y sacado de contexto) de mi parte, por supuesto, con una disculpa de antemano... afortunadamente no fue así; eliminé los recién agregados contactos, poco a poco le di una limpia al allanamiento cibernético, como si una banda de gatos callejeros y malvados, hubieran entrado por la ventana destrozando todo a su paso, dejándome la tierra de las macetas regadas con los vidrios de toda la vajilla.

La experiencia se reduce a eso, al ultraje de tu identidad... -y sigo limpiando-, es cuando comienzan las preguntas ¿en qué momento dejé la ventana abierta?, ¿se necesita de un milímetro de espacio para que cualquier persona, desde el otro lado del mundo acceda a tu cuenta para joder el rato?, entonces ¿a qué otras medidas debo recurrir para no volver a ser invadida?, pero sobre todas ellas (la típica pregunta de adolescente) ¿POR QUÉ A MÍ?

Para continuar con la labor de nutrir esta columna me encaré y elegí no dejarme aplastar por una persona que desde Ucrania (según Twitter, desde allá se ingresó a la cuenta) había hecho algo que seguramente le pareció graciosísimo: esto de publicar la fotografía de una exuberante y contorneada chica de piel canela y cuyos tatuajes impresionan más por su lugar de residencia que la forma en sí, sin mencionar que su apetito sexual escandalizaría a la mismísima E.L. James; es sin duda una manifestación del terrible sentido del humor con el que cargo, menuda desfachatez la mía de no reírme a carcajadas, ¿pero cómo iba a hacerlo? si ha quedado en evidencia lo muy aburrida que es mi vida, además de lo poco atlética que soy, qué decir de mi insípida palidez y la poca gracia amorfa que hacen mis lunares ... era de esperarse que al menos una risita nerviosa saliera de mi. Pero no. Opté por fingir que de nuevo tengo una melena larga y de sirena con la que cacheteo el oprobio de la impresionante bilingüe morena para seguir con mi cuenta, con mi columna.

Podrá parecer ser un simple motivo para engancharme a la plañidera, el drama que evita nutrir esta quieta rutina de querer escribir para agarrar forma (de escribidora, más que nada) puesto que al investigar sobre el termino "robo de identidad" me encontré, principalmente, con un enfoque tristísimo que desemboca en la estafa, sin irnos tan lejos, wikipedia comenta al respecto:

"es la apropiación de la identidad de una persona: hacerse pasar por esa persona, asumir su identidad ante otras personas en público o en privado, en general para acceder a ciertos recursos o la obtención de créditos y otros beneficios en nombre de esa persona.

Por otro lado, el robo de identidad también es utilizado con el fin de perjudicar a una persona, es decir, difamarlo o manchar su nombre con diversos fines que el criminal busque.

El caso más común hoy en día se da cuando un atacante, por medios informáticos o personales, obtiene su información personal y la utiliza ilegalmente.

El robo de identidad es el delito de más rápido crecimiento en el mundo. Hasta no hace mucho tiempo, cuando un ladrón robaba la billetera o porta documentos, el dinero era lo único que pretendía. Con el tiempo, los datos de los documentos de identidad como, por ejemplo, la tarjeta de crédito, la tarjeta de débito, los cheques y cualquier otro documento que contenga los datos personales se han vuelto muy importantes."

Hasta este punto puedo agradecer no sentirme identificada con ninguno de los puntos, sin embargo, al retomar un tanto las teorías existencialistas es inevitable pensar que si los otros son un innegable referente de la construcción de nuestra propia identidad ¿qué parte de nosotros roban cuando nos suplantan?

Esto provoca (o me provocó) una concientización de lo que nuestra imagen proyecta ¿siempre ha sido tan evidente y ha estado tan expuesta nuestra identidad, al grado que cualquiera puede desplazarnos con un clic? No necesitamos ser "alguien importante", principalmente por que YA somos ALGUIEN, en consecuencia, un candidato al cuál se le puede extraer "algo", entonces ¿a eso hemos reducido la calidad humana, a un medio para obtener "algo"?, ¿qué clase de secuelas, tras lo acontecido, vienen a cobrar protagonismo en esta identidad resquebrajada por la invasión?, vale ¿de qué manera me protejo? Aún cuando no tengas "nada" de "valor" que te pueda ser quitado, pues, su "valor" en sí es meramente subjetivo.

Por su parte, Forbes insiste en:
"los delincuentes cibernéticos buscan hacerse de su información a través de varios medios; por ejemplo, mandan correos electrónicos falsos en nombre de instituciones reconocidas pidiendo se les mande información personal confidencial. En algunos casos, estos correos pueden contener además virus y software espía.

Otro modus operandi es revisar las redes sociales en búsqueda de información útil sobre su persona. La recomendación es ignorar los correos sospechosos y editar, a nuestra conveniencia, los filtros de privacidad de nuestras redes sociales, y no incluir información personal que no sea necesaria"

Insisto, estoy consciente que hablamos de casos mayores, de situaciones muy graves, pero ¿es acaso que la protección de nuestra identidad se devaluó junto con el peso mexicano?, ¿tan delgada es la línea de protección que nos ofrece el ciber espacio?, vaya ¿debemos esperar a que sea grave para comenzar a actuar?, ¿de qué manera esa transgresión de la privacidad me priva de ese espacio al que pertenecía?

Incluso cuando se presenta cualquier tipo de situación de peligro, tras ella buscamos un apoyo que nos hubiera ayudado a prevenir dicho incidente. Lamento informar que después de esto no me volví agente de la policía cibernética para cobrar mi venganza y que triunfe el bien. Definitivamente el trabajo de superhéroes me queda muy grande, sin embargo, no me cansaré de defender la importancia de leer las letras chiquitas antes de un clickear, por más de escuela que parezca: si no entiende pregunte a quién más confianza tenga... no puedo despedirme sin antes lanzar un compilado de interrogantes con él cual podrán contribuir en los comentarios: si nuestra identidad es una idea que tenemos de nosotros mismos, así cómo los otros tienen su propia idea de nosotros y con ello podemos "construir" "quienes somos" ¿cómo es que la identidad, que conlleva su delicado proceso de construcción e identificación puede devaluarse?, ¿es acaso que percibimos una idea tan deplorable del ser humano y la vemos más que como una idea, un medio reemplazable para obtener algo?, ¿qué valor tiene para ti otro ser humano? Y no me refiero a tu familia, amigos, pareja o simpatizantes, sino, aquel que está al otro lado del mundo ... antes de responder, favor de piense en un panorama meramente personal, sin perfil político, religioso, cultural (aunque ya sé lo difícil que esto pueda parecer), entonces plantearse ¿tan mínima es la vida humana, su identidad misma que se reduce a nada?, ¿cuál es el valor de una identidad?

Sé que esto puede desatar mil y un preguntas, llevarnos a la reflexión de que quizá la xenofobia no es un tema impuesto por una sola persona, quizá es un mal que no hemos atacado desde raíz; la actitud violenta que emana cierta identidad que agrede a otra, envicia el ambiente generando en algunos, cierto agrado. Entonces ¿dónde están los humanistas?, ¿la "pose" ya no resulta tan cómoda a la hora de cuestionar y proponer soluciones?

Sí, hemos devaluado la identidad humana, ¿cómo nos revalorizamos?
No, esto no solo se trata de un hacker en la cuenta de twitter de alguien, ¿hasta dónde mis limites transgreden al otro?
Sí, todos tenemos identidad (¿ya le pusiste precio?). No, no creo que nos sea permitido invadirnos en ningún aspecto, si de ello depende nuestra integridad (¿conoces tus limites, los has transgredido como respuesta de ofensiva/defensiva?).


Agradezco que posen sus ojos sobre este breve diálogo de preguntas que no termina ni terminará, pero sobretodo su interés de saber qué tenemos (sí, porque aquí hablaremos todos) por decir, empecemos por ello. Disculpe, este mes es de Latte Macchiato, sin azúcar por favor; entonces, ¿cómo dices que se dice?  Ah si, mi cuenta de Twitter está estable, sus letras vuelven poco a poco a la línea de 140 caracteres. Pero no he dejado de cuestionarme que nuestra identidad peligrara tanto, al grado de ser hurtada, para empezar ¿sabes dónde -y en quién- estás depositando tu identidad?

martes, 31 de enero de 2017

¿Cómo dices qué se dice?

¿Cómo dices qué se dice?

#Palabrería0  #Primerataza   #Laprimeradelaño  #sinazucarporfavor  #conacentosparallevar #estemesvadeexpresso

"¿Cómo dices qué se dice?" es una columna personal que nació en la época universitaria, como parte de las tareas; si bien, lleva por nombre una frase bastante popular y que algunos amantes de las palabras solemos pronunciar con regularidad, se propone hoy como un ejercicio personal que me permite tener 4 publicaciones al mes dónde ... aprovecho para disculparme de antemano con todos los ojos lectores que tendrán encontrarse con lo que es para mi una especie de pensadero (sí lector, como el de Dumbuldore) y que con cierta arbitrariedad me aleja del cotilleo malintencionado que suele aflorar por las redes... dónde, innegablemente encontrará una serie de peripecias con las que solemos toparnos a diario, con la excepción de ser mi no muy buena visión quien lo comparte, lo sufre y por supuesto, lo saborea con un café bien cargado o té sin azúcar... o quizá una cerveza para el frío (y otras dos para mi).

Antes de que se acabe el mes, antes que el año se vuela más incontenible que el agua, deseo dejar una primera entrada de este 2017 como compromiso donde continuamente se esté escribiendo durante febrero bajo la estructura de una serie de preguntas y reflexiones con lo cuál podamos dialogar y reflexionar entorno a las temáticas que den lugar a esta palabrería.

Asumo que todo el lector entenderá lo muy lejos que me encuentro de la verdad absoluta, es más, jamás hemos coincidido en 26 años y si acaso cruzamos mirada, nos torcimos los ojos por berrinchudas o "malacarientas". Pero si usted, amable lector o lectora, le hace ojitos con gracia y coquetería, le suplico comparta un poco de lo que cada pestañeo dice para usted en los comentarios de abajo, no esta demás compartir pan y vino (más lo segundo que lo primero por favor, a menos que sea gluten free, pan de ajo o artesanal porque #consumelocal).

Agradezco nuevamente que posen sus ojos sobre este breve diálogo, pero sobretodo su interés de saber qué tenemos (sí, porque aquí hablaremos todos) por decir, empecemos por ello. Disculpe, otra taza de expresso, sin azúcar por favor; entonces ¿cómo dices que se dice?


miércoles, 12 de noviembre de 2014

Hombre azul . . .

Como tallerista uno no puede darse el lujo de sentarse y ser quien manda, debemos leer más e incluso escribir más que los propios asistentes, uno siempre debe jugar e invitar a los otros a que jueguen con la literatura. De uno de estos juegos, surgió lo siguiente:




Sin duda este hombre de animal azul solía pagar por sentir celos, realmente solía pagar por sentir algo; su mujer siempre dormida antes de, lo que podría ser una entretenida noche, y más que despertarle unas ansias locas por destrozarle la costosa lencería, despertaba en él un escalofrío que le molía hasta la médula. Una mujer difícil entre no pocas, sino como todas las mujeres neuróticas después de muchos años casadas y con las ilusiones apagadas.
Este hombre azul, gustaba de escribir con la tinta de mismo nombre, era bueno como pocos con la palabra, a veces sentía pena por él, ninguna de sus historias tenía fin, pienso que le faltaba vivir más y sufrir menos. ¿Cómo sé que sufría?  A mí me ha tocado como nunca tocará a su esposa, cada vez que me abre de par en par, me acaricia como nunca, se enloquece conmigo como una bestia al hablar. Yo me encargaré de que jamás termine de contar su historia, soy y seré el papel en el que jamás deje de escribir.